Fotógrafo

Mark Reay, la doble vida del fotógrafo homeless

29 nov , 2015  

Como si de un superhéroe se tratara, el fotógrafo Mark Reay tenía un secreto en Nueva York, una doble vida. Una doble vida inversa, donde la versión poderosa de sí mismo era la que todos veían a plena luz del día y de los focos. El Mark Reay fotógrafo trabajaba con soltura entre pasarelas, estudios de fotografía y glamour. El Mark Reay homeless se escondía de noche en una azotea, donde durmió durante seis años en secreto. La doble vida de este fotógrafo, modelo y actor ha salido a la luz con el documental Home Less, dirigido por Thomas Wirthensohn y protagonizado por él mismo.

Ante su perfil profesional y su estilo no dirías que Mark Reay fue un homeless, un “sin techo”. Atractivo, pulcro e impecablemente vestido, su elegante figura se ha podido ver en los backstages de grandes firmas como Diane von Fürstenberg, Rebecca Taylor, Lacoste, Alexander Wang o Hood By Air, lugares donde ejercía su oficio.

Mark Reay, fotografo homeless

Un oficio que, como el de modelo o actor, sufre altibajos y tantea siempre la precariedad. En Nueva York, Mark Reay lidiaba con las contradicciones del mundo de la moda: el brillo de los focos que nos ciega y no deja ver las dificultades de una legión de profesionales que pasan de un encargo a otro preguntándose si podrán pagar el apartamento a final de mes. Reay no lo consiguió y tras pasar por varios sofás amigos y algún albergue, decidió dormir en la azotea de un conocido: «Una noche me colé en el edificio y subí a la azotea. Pensaba que solo serían un par de días. Me quedé 6 años».

Mark Reay, fotografo homeless

Alternó una vida de luces y sombras. De día, cámara en mano y trabajando para medios relevantes como Dazed&Confused, i-D o Style.com, retratando la escena de la moda de Nueva York y a sus personajes, o haciendo pequeños papeles como actor (Sexo en Nueva York, Men in Black 3…). De noche, acostándose en un saco de dormir, víctima de un trabajo mal pagado que devora a sus protagonistas. A primera hora, transformándose en un gimnasio: «sé que parece una locura, pero por 70$ al mes tenía ducha, electricidad y un aseo. Además, podía guardar mi cámara y mi ropa. Solía lavar la ropa allí y secarla bajo los secadores de mano». Del gimnasio surgía aseado, dispuesto a patear las calles de Manhattan con su cámara. Con solo un par de camisas, unos pantalones y calcetines supo ir Mark Reay a la moda: «parecía un millonario, vestía trajes a medida y caros zapatos de cuero», comenta. «Mi buen aspecto me ayudaba a desenvolverme».

Reay abandonó la azotea tras la difusión del documental. Ahora tiene un sofá en un piso compartido. «no vivo mucho mejor que antes». Una ligera mejoría que solo demuestra la dureza de la profesión.

Mark Reay, fotografo homeless

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